Cuando cantamos
canciones de los otros
nos imaginamos
que los otros somos nosotros.
Y es una pena que no me llegue la cabeza
para canciones de las que todos tararean.
Cuando los otros
opinan de nosotros
tienen en cuenta
que los otros somos nosotros.
Y aprovechan para soltarse la melena
y dar consejos por mucho que no se los crean.
Cuando los locos
se juntan con nosotros
siempre hay un listo
que cree haber entendido todo.
Y cree que encuentra en las locuras las certezas
y aquello oculto que al resto siempre se nos niega.