Es que prefiero tus zapatos
a tu sistema neuronal;
me gusta más seguir tus pasos
que tus impulsos al azar.
Y aunque el que yo esté despistado
sea una cosa natural
no sé si prefiero arreglarlo
o que me vuelvas a pisar.
Nunca llegaré a ministro.
Por querer hacerme el listo.
Me temo que vas a castigarme otra vez.
Y es que en las noches de verano
te deberían encerrar;
siempre he pensado que no es sano
el exceso de libertad.
Tú no dejes que te haga daño
la progresía radical
y mantén tu discreto encanto
mirando altiva a los demás.
Nunca llegaré a ministro.
Ni siquiera de turismo.
Me temo que hoy he empezado a envejecer.